lunes, 4 de febrero de 2008

Qué entiende usted por Ética, Dona Andrea?

Confieso que he tratado de mantenerme al margen de las valoraciones que sobre doña Andrea se hacen en algunos círculos. Me importa un rábano, si la susodicha decide desfilar o no en una pasarela de modas o si sale o no con cualquier persona; al fin y al cabo, cada uno es dueño de hacer lo que le da la gana en su vida privada. Pero no me sucede lo mismo, cuándo lo que hace un personaje de estos, tiene que ver con temas cómo la ética o la moral –que no es lo mismo que moralismo- o cuándo se dice representar lo que a la luz de los acontecimientos no se representa.

Joan Manuel Serrat en Bienaventurados decía que “Dios echó al hombre del edén por confundir lo que está bien con lo que le conviene”; al escuchar de nuevo esa canción, se me ocurre pensar si algunos y algunas de los y las descendientes de Adán y Eva, vivirán en Costa Rica. El 7 de octubre el país se fracturó; no hay otra forma de decirlo; un sector liderado por Oscar Arias, para impulsar su visión de país, decidieron revivir y poner en práctica, las más tenebrosas formas de trabajo en pos de obtener un triunfo en una votación; el equilibrio periodístico fue cercenado; periodistas graduados --no necesariamente de universidades de garaje-- escribieron “su” visión de las cosas y omitieron hablar de aquellos temas que contrastaran lo escrito, para que el lector se formara opinión; el presidente repartió promesas, desde aeropuertos para la zona sur, hasta mercedes benz y bmw, un grupo de empresarios amenazó con despidos masivos o irse del país y el Tribunal Supremo de Elecciones simplemente guardó silencio, escudándose en interpretaciones reglamentarias, muy llenas de derecho, pero carentes de sentido común y sobre todo, de ética. Esto sin contar la participación del Embajador de los Estados Unidos en la propia campaña y sobre todo, explicar al país de dónde salieron los miles de millones de colones para esa campaña.

La fractura sufrida polarizó al país en tres partes; los que votaron sí, los que votaron no y los que no lo hicieron; poco me importa en lo personal las razones sociológicas o psicológicas para la toma de cada posición; lo cierto es que en un momento trascendental para el país, la decisión y toma de posición es responsabilidad individual, de la misma manera que quién ve una agresión doméstica, un robo o una agresión infantil decide callar o intervenir, cada decisión tiene consecuencias y cada quien debe asumir las responsabilidades de sus actos; no se vale esconder la conveniencia, detrás de razones que tendrán consecuencias para toda la vida; quien, en cualquier caso votó o no lo hizo por miedo, conveniencia o las razones que fueran, asumió vivir presa para siempre de esa razón. Bien dijo Juan Pablo Segundo que el infierno se vive en esta tierra y para mayor desgracia, es personal.

Cinco meses después, cuando a través de editoriales, opiniones y hasta encuestas, se nos dice que debemos pasar la hoja y olvidar lo sucedido y dejar que se pasen leyes sin discusión por el “bien del país”, hay quienes pensamos y sentimos que eso no es correcto; hacerlo es dejar impune lo que en una democracia no puede ni debe quedar impune; aun cuando hay quienes creen por conveniencia y cálculo que es mejor dedicarse a otra cosa, en lo personal, ni lo creo ni lo acepto; es simple, hacer lo que en campañas publicitarias --al mejor estilo del movimiento Costa Rica Libre—se nos pide, es decir, callar, es ser cómplice de matar a la democracia.

La diputada Andrea Morales ha venido insistiendo en repetir el discurso de quienes “ganaron” de que la agenda de implementación se debe votar y que no hacerlo, es negar el resultado del referéndum y la democracia; ante tales aseveraciones tengo varias preguntas para la diputada; ¿en que parte de la convocatoria a referéndum se estableció que se incluían esas leyes en el mismo? ¿En que libro de cualquier tipo dice que Democracia es simplemente ir a votar? ¿Para obtener un triunfo se vale todo? ¿Un diputado o en éste caso, una diputada, no tiene acaso la obligación moral y ética de defender lo que los y las que la votaron le pidieron que hiciera? ¿Fue éticamente correcto lo sucedido en el referéndum? ¿Es ético que el gobierno oculte el alcance del cambio de leyes que por vía decreto debe hacer en función del TLC? ¿Es ético que el presidente de la república amenace y prometa utilizando los recursos de todos y todas las y los costarricenses, para imponer su visión de mundo y país? ¿es ético el convenio UPOV? ¿Es ético que el presidente no haya respondido a las informaciones del Semanario Universidad que lo involucran con empresarios que esperan por la aprobación del nuevo combo ICE? ¿Es ético que el presidente responsa con medias verdades o insultos a los graves cuestionamientos hechos por el líder de su partido Ottón Solís?

La lista de preguntas que me nacen a la luz de sus declaraciones es inmensa, pero se la resumo en una: ¿Qué entiende usted por Ética, Doña Andrea?